
Pues eso, que siempre estamos pendientes de las dichosas bicis, pero ¿y los calcetines? ¿no son importantes? A ellos dedico este pensamiento:
"Ahí están, descansan dormidos y apilados, eficazmente dispuestos para cuando llegue el instante, esperando su turno a mi elección, para cobijar desde abajo y reconfortar poco a poco, sin prisas pero con meticulosidad, ciñéndose a su debida cuota de piel, presionando sin ahogar y cumpliendo a la perfección su papel. Volverán empapados de esfuerzo, aturdidos de cadencia y raídos de tanto intermediar pero orgullosos por su condición de complemento perfecto, de amigo fiel que da la cara por mis pies, testigos mudos de esta obsesión rodante, un afán que me oxigena el espíritu y colma de estímulos mi vida. A veces me pregunto qué sentirán cuando su ciclo se acaba, tal vez demasiado pronto por razón de mis caprichos, cuando todavía aptos son arrinconados al fondo de un cajón oscuro y frío, relevados de su empeño, reemplazados por suplentes que me llaman, que se ofrecen suaves como nubes perfumadas de envoltorio. ¿Qué le voy a hacer, si soy débil, tengo rotos los bolsillos y mi corazón no les coge rueda?"





